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Mateo 18

Actualizado: 13 feb


La vida en el Reino: humildad, cuidado del prójimo y perdón


Jesús enseña cómo deben relacionarse sus seguidores: con humildad, responsabilidad espiritual y un perdón que refleje el corazón de Dios.


Introducción


Mateo 18 no trata de reglas abstractas, sino de la vida real dentro de la comunidad de fe. Jesús responde preguntas prácticas: ¿quién es realmente grande?, ¿cómo tratar el pecado?, ¿qué hacer cuando alguien se pierde?, ¿hasta dónde llega el perdón? Este capítulo confronta nuestra forma de relacionarnos y nos llama a vivir el Reino de Dios desde adentro hacia afuera.


Contexto histórico y bíblico


Jesús está instruyendo principalmente a sus discípulos. Ya no habla tanto a las multitudes, sino que forma el carácter de quienes continuarán su obra. La comunidad cristiana aún no existe formalmente, pero Jesús establece principios fundamentales para la convivencia, la corrección fraterna y el perdón. El énfasis no está en el poder, sino en el corazón.


Estructura del capítulo


Mateo 18 fluye como una enseñanza continua sobre la vida comunitaria:


  1. La verdadera grandeza(18:1–5)

    • humildad como un niño

  2. Advertencia contra hacer tropezar a otros (18:6–9)

  3. El valor del que se pierde(18:10–14)

    • la oveja extraviada

  4. Cómo tratar el pecado entre hermanos (18:15–20)

  5. El perdón sin límites (18:21–35)

    • parábola del siervo sin misericordia



Explicación por secciones


  • La verdadera grandeza en el Reino



Qué enseña esta sección

La pregunta de los discípulos revela una mentalidad de competencia: quieren saber quién ocupa el lugar más alto. Jesús responde con una acción visual poderosa: coloca a un niño en medio. No señala a un líder, no menciona logros espirituales, no habla de conocimiento. Señala a alguien que, en esa cultura, no tenía estatus ni autoridad.


Cuando Jesús dice “si no os volvéis”, está hablando de una reorientación profunda del corazón. No basta con seguirle; hay que cambiar la forma de pensar. “Hacerse como niños” no significa adoptar inmadurez ni ingenuidad moral, sino asumir una postura de humildad, dependencia y sencillez.


Un niño reconoce que necesita guía. No vive obsesionado con posición social. No compite por prestigio espiritual. Depende naturalmente de quien le cuida. Esa dependencia y esa ausencia de ambición por estatus es lo que Jesús eleva como modelo.


En el versículo 4, Jesús define claramente el punto: “cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor”. La grandeza en el Reino no se define por visibilidad, sino por rendición. No por cuánto sobresales, sino por cuán dispuesto estás a colocarte en una posición humilde delante de Dios.


Finalmente, en el versículo 5, recibir a un niño en su nombre implica valorar lo que no impresiona al mundo. El Reino honra lo pequeño, lo dependiente y lo humilde.


Qué revela sobre Dios

Dios valora un corazón sencillo, confiado y enseñable más que cualquier logro espiritual externo.


Qué revela sobre el corazón humano

Incluso en contextos espirituales, buscamos comparación y validación. Queremos servir, pero también queremos destacar. El orgullo puede esconderse detrás de buenas intenciones.


Tendemos a competir y compararnos, incluso en contextos espirituales.


Ejemplo práctico

Un corazón humilde no necesita ser reconocido para obedecer.

Un corazón dependiente ora antes de actuar.

Un corazón sencillo acepta corrección sin sentirse amenazado.

Evalúa si tu servicio nace del deseo de agradar a Dios o de ser visto por otros.


  • Advertencia contra hacer tropezar


Qué enseña esta sección

Jesús utiliza uno de los lenguajes más severos de todo el Evangelio. La imagen de una piedra de molino atada al cuello y ser arrojado al mar no es simbología ligera; es una advertencia directa sobre la gravedad de provocar la caída espiritual de otro creyente, especialmente de alguien vulnerable en la fe.


“Hacer tropezar” no se refiere simplemente a molestar o incomodar. La palabra implica causar que alguien caiga en pecado, se desvíe o se debilite espiritualmente. Jesús está diciendo que inducir, facilitar o influenciar negativamente la fe de otro tiene consecuencias serias delante de Dios.


En los versículos 8 y 9, el enfoque cambia del daño a otros al autoexamen radical. Si algo en ti es ocasión de caer —mano, pie, ojo— debes tratarlo con urgencia. Jesús no está promoviendo mutilación física, sino mostrando que el pecado debe tratarse con decisiones drásticas. Es mejor perder algo temporal que arriesgar la vida eterna.


El flujo del pasaje es claro:

  1. Es gravísimo hacer caer a otro.

  2. Los tropiezos existirán en el mundo.

  3. Pero cada persona es responsable de no ser instrumento de caída.

  4. Y debe examinar su propia vida con radicalidad.

No es solo una advertencia externa; es un llamado interno.


Qué revela sobre Dios

Dios protege a los vulnerables y toma muy en serio la responsabilidad espiritual.


Qué revela sobre el corazón humano

Podemos justificar actitudes o hábitos que afectan a otros sin darnos cuenta.


Ejemplo práctico

Revisa si tu forma de hablar, tus decisiones o tu estilo de vida pueden confundir o desanimar a alguien que está creciendo en su fe.


  • El valor del que se pierde


Qué enseña esta sección

Jesús enseña que el Reino no funciona por mayorías. Una sola vida extraviada es suficiente para que Dios actúe. El valor no se pierde cuando alguien se aleja.


Qué revela sobre Dios

Dios es un Padre activo, no indiferente. Él busca, restaura y se regocija cuando alguien regresa.


Qué revela sobre el corazón humano

Es más fácil ignorar al que se aleja que involucrarnos con su proceso.


Ejemplo práctico

Si alguien se ha alejado de la fe o de la comunidad, es más fácil decir “él decidió irse” que acercarnos con intención y amor. Reflejar el corazón del Padre implica no ignorar al que se pierde, sino dar un paso hacia él con paciencia y verdad.a.


  • Cómo tratar el pecado entre hermanos


Qué enseña esta sección

Jesús define cómo debes responder tú cuando hay pecado real en un hermano. El texto comienza con “peca contra ti”, lo que indica una ofensa concreta, no una simple molestia personal.


La enseñanza central es que confrontar el pecado no es opcional ni impulsivo: es una responsabilidad espiritual que debe ejercerse con amor, valentía y orden. El objetivo no es cobrar ni humillar, sino ganar al hermano —recuperar la relación y procurar arrepentimiento.


Por eso el proceso es progresivo. Comienza en privado, evitando el chisme y la exposición innecesaria. Si no hay respuesta, se incorporan testigos, lo que asegura justicia, claridad y protección para ambas partes. Y solo ante persistente resistencia se recurre a la iglesia, porque el pecado sin arrepentimiento afecta la comunión.


Finalmente, Jesús afirma que este proceso tiene peso espiritual real. “Atar y desatar” muestra que no es un asunto meramente humano, y cuando se hace en su nombre —con su carácter, su verdad y su propósito—, Él mismo respalda lo que se decide.


La intención no es establecer control comunitario, sino formar discípulos que tratan el pecado con la seriedad y la misericordia del Reino: verdad sin agresión, gracia sin encubrimiento.


Qué revela sobre Dios

Dios es un Padre que restaura, no un juez impulsivo. Él se preocupa por el corazón del ofensor y también por el corazón del ofendido. Establece un camino que protege la dignidad, busca arrepentimiento y sostiene la verdad. Además, Dios no deja este tema a “opiniones”: le da autoridad y promete presencia cuando se actúa conforme a Cristo.


Qué revela sobre el corazón humano

Nos inclinamos a extremos:

  • Evitar confrontar por miedo, comodidad o “paz falsa” (y el problema se pudre).

  • Explotar confrontando con orgullo, enojo o venganza (y destruimos al hermano).También tendemos a hablar con terceros antes que con la persona, o a confundir “me molestó” con “pecó contra mí”. Este pasaje corrige ambas cosas.


Ejemplo práctico

Si tienes un conflicto, habla directamente con la persona antes de comentarlo con otros.


  • El perdón sin límites


Qué enseña esta sección

Jesús deja claro que el perdón en el Reino no funciona por límites ni por contabilidad moral. El punto no es cuántas veces debes perdonar, sino desde dónde estás perdonando. Dios nos ha perdonado una deuda imposible de pagar; su gracia no fue parcial ni condicionada a nuestra capacidad de compensar. Si realmente hemos entendido la magnitud de ese perdón, no podemos vivir exigiendo cuentas constantemente a quienes nos fallan. El problema no es que la ofensa no duela o que no exista; el problema es pretender recibir misericordia infinita mientras negamos misericordia limitada.


La conclusión de la parábola es directa y seria: no podemos reclamar el favor de Dios mientras retenemos perdón en el corazón. Perdonar “de todo corazón” significa renunciar a la deuda interna, no usar el pasado como arma y no vivir cobrando emocionalmente lo que ya decidimos soltar. En el Reino, el perdón no es una obligación pesada; es la evidencia de que hemos comprendido la gracia que recibimos.


Qué revela sobre Dios

El perdón de Dios no tiene límite ni medida. Es completo, radical y transformador. Pero su gracia no es superficial: espera coherencia en quienes la reciben.


Qué revela sobre el corazón humano

Somos rápidos para recordar lo que nos deben y lentos para recordar lo que se nos perdonó. Exigimos justicia cuando somos ofendidos, pero pedimos misericordia cuando fallamos.


Nuestro corazón tiende a medir la deuda ajena con lupa y la propia con indulgencia.

Es fácil exigir justicia y difícil extender misericordia.


Ejemplo práctico

Perdonar no significa negar el dolor ni fingir que nada pasó. Tampoco significa eliminar límites necesarios.


Significa soltar la deuda interna. Dejar de cobrar emocionalmente lo que ya decidiste perdonar. Renunciar al derecho de usar el pasado como arma en futuras discusiones.

Perdonar es soltar la deuda, aunque el recuerdo permanezca.


Cuando recuerdas que tú también fuiste perdonado de una deuda imposible, el perdón deja de ser una opción pesada y se convierte en una consecuencia natural de haber entendido el corazón del Rey.


Lecciones clave del capítulo

  1. La humildad es la puerta de entrada al Reino.

  2. El pecado tiene impacto comunitario.

  3. Dios busca activamente al que se pierde.

  4. El conflicto bien tratado restaura.

  5. El perdón refleja la gracia de Dios.


Aplicación personal

Mateo 18 nos invita a vivir una fe coherente: humilde, responsable y misericordiosa. No se trata de perfección, sino de un corazón dispuesto a reflejar a Dios en cada relación.


Preguntas para reflexión

  1. ¿Estoy dispuesto a obedecer aunque nadie lo note ni lo valore?

  2. ¿Soy consciente del impacto de mis decisiones en otros?

  3. ¿Estoy dispuesto a invertir tiempo y paciencia en quien no responde rápidamente?

  4. ¿Cómo manejo el conflicto?

  5. ¿A quién necesito perdonar hoy, de todo corazón?

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